7 de septiembre de 2016
La odisea de una argentina en Egipto
Carolina Pavón llegó a querer suicidarse. “No soporte más”, reconoce desde Egipto, donde viajó en el 2002, cuando partió desde su Misiones natal hacia el Cairo. Allí conoció a un contador llamado Mahmoud Mohamed Ahmed Tarfa, con quien contrajo matrimonio al año siguiente. Hoy nada es como los cuentos de hadas, y la mujer quiere regresar a nuestro país, pero las leyes Medio Oriente no se lo permiten.
Según detalló Carolina en declaraciones radiales, en el 2013 su marido se quedó sin trabajo y decidieron ir a probar suerte nuevamente a Argentina. A los pocos meses nació su primera hija. “Sentà que terminarÃa el calvario porque estarÃa con mi gente, con otras reglas. Pero no fue tan asÃâ€, dijo. En el 2014, como el hombre no consiguió adaptarse al régimen laboral, retornaron a El Cairo. Ella prestó allà servicios en varias empresas multinacionales, hasta que dio a luz a su segunda hija y dejó de trabajar.
“Cuando volvimos a Egipto y yo llevé a mi abuela a vivir con nosotros, él empezó a decirme que no tenÃa tiempo para él, que me la pasaba cuidando a mi abuela y a mi hija (la mayor), que cómo era posible que no lo atendiera. Y empezó a maltratarme y golpearmeâ€, dijo Pavón, quien agregó que “la religión musulmana reprime derechos elementales vigentes en Occidenteâ€. Es por eso que siempre se sintió desprotegida. “Allá la vida de las mujeres valen la mitad que la de un hombreâ€, resumió.
En cuanto a la denuncia, Carolina dijo que es prácticamente imposible porque “tenés que tener dos testigos hombres que sean ajenos a la familia o cuatro mujeres, también extraños. El problema es que los actos violentos siempre son en el hogar y el relato de mis hijas tampoco valÃaâ€.
Suicidio
La misionera de 40 años vivió su peor momento cuando decidió tomarse una caja de pastillas Alplax de 2 mg. “Quise matarme, no querÃa ser ese ejemplo para mis hijas. No querÃa que tuvieran una mamá que no hacÃa nada por la violencia ejercida por su padre. No querÃa que crecieran pensando que eso era normal, no soporté más. Mis hijas me gritaban y me decÃan que no me muera, que vomitaraâ€, sostuvo la mujer. En medio de la trágica escena, Carolina cuenta que su marido agarró a las nenas y les dijo: “Ven, asà quieren las mamás de Occidente, prefieren morirse que vivir con sus hijasâ€.
Es allà cuando se separó de sus hijas porque “no querÃan venirse conmigo. Me contacté con una familia con la que me estoy quedando mientras puedo solucionar el tema del divorcio y volverme a mi paÃsâ€. En esa lÃnea, pide que las autoridades argentinas tomen cartas en el asunto.
La última vez que vio a sus hijas -de 11 y 7 años- fue en diciembre a la salida del colegio. “Las quise abrazar, pero ellas me rechazaron. Me dijeron que estaban enojadas porque no volvÃa a la casa. Les dije que está mal que papá le pegue a mamá y me respondieron que la abuela se deja pegar por el abuelo. Además, me dijeron que estaban decepcionadas porque no tenÃa el velo puestoâ€, cerró.
