8 de julio de 2025
El renacer de Fernando Parrado: cómo el deporte marcó su vida tras sobrevivir a la Tragedia de los Andes
Protagonista de una de las historias más extremas de superviviencia, el uruguayo tuvo dos vidas: una antes del accidente y otra después. Ambas, atravesadas por el deporte
Quizás antes del accidente el destino de Parrado estaba escrito sobre césped: podÃa haber sido un gran jugador de rugby, una figura del Old Christians Club, incluso un referente de Los Teros (selección uruguaya de rugby) y del deporte uruguayo en general. Pero la vida, brutalmente interrumpida en los Andes, le ofreció otro camino.
Desde el rugby en su colegio de Uruguay al automovilismo, el motocross, el boxeo y las motos de agua. Parrado encontró en el deporte no solo una forma de competir o mantenerse activo: fue una manera de sanar, de recomenzar, de conectar con los otros y consigo mismo. Porque si hay algo que une sus dos vidas (la que empezó a los diez años con una ovalada en las manos y la posterior al accidente) es esa sensación de que el deporte no fue solo una actividad: fue refugio, fue impulso, fue identidad.
“Cuando empecé querÃa jugar de wing, de fullback o de segundo inside, pero cuando sos chico jugás en varias posiciones. Después, cuando empecé a jugar más en serio en el intercolegial, el entrenador me dijo: ‘Vos, a la cocina, al scrum, sos segunda lÃnea’. Asà que ese fue mi puestoâ€, agrega sobre sus inicios. En el Old Christians Club, Parrado, Canessa, VizintÃn, Pérez del Castillo y el resto de sus compañeros vivÃan un rugby completamente amateur, sin largas sesiones de gimnasio y con entrenamientos dos veces por semana. “TenÃamos jugadores excepcionales que, si jugaran hoy, serÃan superestrellas. Tuvimos un buen equipoâ€, asegura.
Pero, sin imaginarlo, un viaje deportivo iba a cambiarle la vida para siempre. Fue con ese equipo que emprendieron una aventura a Chile en 1972 para disputar un partido ante el campeón local, el Old Boys Club. El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya partió de Montevideo el 12 de octubre y, debido a las malas condiciones climáticas, se estrelló al intentar cruzar la cordillera hacia Santiago. De los 45 pasajeros, 29 sobrevivieron al impacto. 72 dÃas después solo 16 fueron rescatados, en lo que se recuerda como una de las historias más extremas de supervivencia jamás contadas.Al mismo tiempo reflexiona sobre el liderazgo, no solo en aquella tragedia, sino también en la vida. “En el accidente podés encontrar una fantástica historia de liderazgo, porque todos los lÃderes iban muriendo y los menos indicados terminaron liderando una de las historias más épicas de supervivencia. El carácter no se estudia, el carácter aparece por las circunstancias. No tengo la verdad sobre el liderazgo, pero si no sos lÃder de tu vida, es difÃcil que puedas liderar nada. Hay lÃderes en el deporte, en los negocios. Siempre hay alguien que es lÃder. ¿Por qué? No sé. Es asÃ. Es una habilidad que se tiene que pulir >Sin quererlo ni buscarlo, Parrado junto a Roberto Canessa se pusieron al frente y tomaron ese papel de lÃderes por un momento. Fueron ellos quienes abandonaron el campamento y caminaron durante diez dÃas por las inmensas montañas congeladas para buscar ayuda. Esa hazaña marcó el final de una vida y el inicio de otra: la que eligió vivir.
El automovilismo no le era ajeno. Su padre habÃa sido presidente y fundador de la Asociación Uruguaya de Volantes. “Yo querÃa correr desde que era niño. Me encantaba, pero tenÃa dos problemas. Primero, el miedo. Y luego, mi padre. Él conocÃa mucho del tema y durante mi infancia me decÃa: ‘¿Tú quieres correr? No hay problema, pero no me pidas dinero, no te voy a financiar ni una goma para que corras en auto. He visto fortunas dilapidadas en carreras de autos. Yo voy, te limpio el auto, te cambio las gomas, te lo cargo de combustible y ajustamos la presión. Pero plata no me pidasâ€.
La pasión por la velocidad y el mundo motor era tal que, a solo dos semanas del accidente, Fernando Parrado ya estaba pisando un circuito profesional de Fórmula 1. “Después de salir de allá (del accidente), el 14 de enero se corrÃa el Gran Premio de Fórmula 1 en Argentina y mis amigos me dijeron: ‘Nando, vamos’, y yo les dije: ‘¿Y por qué no? Vamos’. Fui con ellos al igual que iba todos los años, pero con 45 kilos menos, la cara quemada por el sol y los labios todavÃa resquebrajadosâ€.Fue entonces, en el medio de ese bullicio, cuando su vida comenzó a tomar un giro inesperado. Los altoparlantes del autódromo lo llamaron para que se presentara en la torre de control. “Señor Nando Parrado, por favor, presentarse con las autoridades de la carreraâ€, se escuchó en todo el recinto.
“Cuando voy, detrás de uno de los boxes habÃa una casa rodante. Abrieron la puerta, entro y ahà estaba Jackie Stewart. Me dijo: ‘¿Sos Nando Parrado? Qué emoción poder conocerte. Cuando me dijeron que estabas acá, dije: a este tipo lo tengo que conocer’. Después me invitó a cenar, y desde entonces somos familia. Soy padrino de sus hijosâ€. La relación con el tricampeón mundial de la F1 se transformó en una amistad que ya lleva más de cinco décadas.Pero no fue fácil. La postura de su padre en cuanto a lo económico obligó a Fernando a centrarse de lleno en averiguar cómo llegar a cumplir su objetivo. Él se enfocó en eso y cambió el chip, dejando en segundo plano todo el ruido mediático que se generó por el terrible episodio que habÃa vivido en Los Andes. “Averigüé cómo funcionaba todo y arranqué por lo más barato: las motos. Gané el Motocross de las Américas, la carrera más importante de Sudamérica en esa épocaâ€, relata con orgullo.
Sin embargo, ese fue sólo el impulso para cumplir su verdadera meta: conducir automóviles. Fue entonces que en 1974 viajó a Europa, en donde participó del prestigioso curso de Jim Russell (Jim Russell Racing Driver School) en Inglaterra. Allà ganó la carrera final y despertó interés en la Fórmula 3. “El Director de la Academia me dijo que tenÃa talento, que buscara patrocinadores en Sudamérica para competirâ€.Esa gira fue otro punto de inflexión en su camino, ya que en uno de esos viajes, en Bélgica, conoció al amor de su vida, Veronique. “Son 46 años juntos, dos hijas, cuatro nietos. No sé qué hubiera hecho sin ella. Tuve la suerte de encontrarla y que se enamorara de mÃ. Es una mujer extraordinaria, pocas hay en el mundo como ellaâ€, dice, aún sorprendido por lo que el destino le tenÃa preparado después del abismo.
“Tengo que estar muy agradecido a los autos. A mà me dieron una vida, una familia. Si no hubiera corrido en autos, no habrÃa encontrado a mi esposa en Europa. Ha sido mi pasión, me dieron muchas cosas. Siempre quise correr en autos y pude cumplir ese objetivo después de mucho tiempoâ€, se sincera.
A partir de allÃ, dejó de lado cualquier disciplina extrema. Ahora tenÃa su propia familia. Su vÃnculo con el deporte, sin embargo, nunca se rompió: desde un breve paso por el mundo del boxeo, coronándose campeón, hasta conquistar un tÃtulo a sus 42 años en un campeonato de motos de agua. “Asà es, tengo el cinturón de campeón mundial de boxeo y nunca me subà al ringâ€, afirma entre risas. “Me lo dio la Federación Mundial de Boxeo en una conferencia en México. El presidente de la Federación me lo entregó y me dijo: ‘Por tus atributos, de resiliencia, valor y coraje, como debe tener un boxeador, te nombramos campeón mundial de boxeo sin pegar una sola piña’. Es el cinturón que hoy guardo para mis nietosâ€.Hoy, cuando va a ver a su nieto jugar en su antiguo club, el Old Christians, revive esa pasión. “Uno de mis sueños era verlo hacer un try y ya lo hizo. Le doy motivación: ‘Si hacés un try, tenés esto’. Lo presiono un poquito, pero bien. Lo veo esforzarse y me pone felizâ€, dice entre risas.
